Como si fuera un títere
Marzo 27, 2008 por Miguel Ángel Torres Vera
Banderas rojinegras. Cierto que a nadie asombran. La huelga es, para los trabajadores de casi todo el mundo, un derecho otorgado para exigir mejores condiciones de trabajo. Y cierto, también, que a nadi impresionan: así de impersonal e intrascendente resultan las luchas y reivindicaciones de los grupos de trabajadores de casi todo el mundo. Pero en Pachuca, las banderas rojinegras en las puertas de todos los edificios de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, elevó un murmullo que casi se escuchó en todos los rincones de la ciudad. No era para menos, nadie recordaba un acto semejante en toda su vida. Doña ausencia lo relata vivamente:
“Ni en las épocas en que yo estudiaba medicina, vi algo semejante… mi mamá tampoco lo recuerda. ¡Es inaudito!”
Y sí. Todo mundo lo comentaba como a corrillos en los camiones, en las plazas, en las calles y prácticamente en todos los hogares pachuqueños, la noticia corrió como pólvora incendiada desatando posiciones en contra y a favor,
“Es un derecho que tienen todos, ¿no? Entonces, ¿por qué no dejan en paz a los trabajadores y maestros de la UAEH…”
“¡No! ¡Qué van a ser ellos! Es una transa de Sosa, ¿qué no ven?…”
Pero resulta que como pesadilla, el jueves a las 12 del día, maestros y alumnos, tomados por sorpresa, salieron de los salones, de los labortorios y pasillos de la universidad hacia la calle.
“Estalló la huelga, estalló la huelga.”
Las voces de algunos trabajadores y de algunos académicos, dieron la voz y apremiaron, casi exigieron, la salida de todos.
Los alumnos, excitados ante el nuevo panorama, inédito y casi fantasioso, no saban crédito a su buena suerte,
“Unos días más para estudiar, güey…”
“¡Órale! ¡Qué loco!”
“Pues nos vemos otro día, maestro…”
Todos por igual, con cara de asombro unos, con caa de alegría, otros y algunos rostros enojados, caminaban apresurados hacia fuera de las rejas, de los muros.
“¡A mi no me dijeron nada! ¡Qué poca!”
“Compañeros, hay que venir a las guardias. Apóyenos en esta lucha…”, gritaban los delegados sindicales.
“Vamos a negociar mejores condiciones de trabajo, mejores prestaciones”, decían los más entusiastas.
Algo en el ambiente decía a todos que ese ir y venir era más una puesta en escena o una función de títeres malamente presentada.
“A mi me dirán lo que quieran, pero ¿por qué no nos avisaron a los profesores? ¿Por qué no nos toman en cuenta? ¡Sólo nos quieren de borregos!”,
decía una profesora al interrogarla sobre los motivos de la huelga. Después, pensándolo mejor, en voz baja, comentaba,
“pero no vaya a poner mi nombre, ¿si? Por favorcito, no vaya a ser…”
En los primeros minutos del medio día de ese jueves, todo fue confusión y desencanto para algunos; un gran convite para el relajo, para los alumnos,
“¡Tómame una foto junto a la bandera, güey! ¡Tómame una foto!”,
Los alumnos entusiasmados, asombrados ante el fenómeno, posaban en los puestos de huelga para la cámara del celular.
“Se la voy a mandar a mi jefe, güey. A ver si me deja ir a la casa…”
“¡Yo la apoyo “mis”, yo los apoyo!”, gritaba una joven, con el ánimo de que la huelga durara mucho tiempo,
“Ojalá que dure una semana o dos.Así casi nos aventamos un mes de vacaciones, ¿no?”
Pero al paso de las horas, las verdades a medias y las mentiras huecas resonaban más en todos y se supo que no había mucho qué hacer, las órdenes, la línea de “arriba”, dictaba resistir hasta que la dirigencia sindical lo indicara.
Se vieron a grupos de personas (“dicen que de la Fundación”) repartiendo comida, llevando cafecitos y recitos y consignas, posturas de comportamiento.
Los teléfonos celulares de tabajadores y académicos, se llenaron de mensajes: “compañero, hay que asistir a las guardias en el instituto donde laboras. Se pasará lista de asistencia”, era la línea dictada.
“Yo no voy a ir”, me dijo Margarita, “esto no es más que una jugada política de ‘ya sabe usted quién’. No le voy a hacer el juego. Que me descuenten si quieren…”
Así, entre el pitorreo, la desligitimación de origen y una estrategia que brillaba por su ausencia y una logística digna de ‘kindergarden’, pasaron 5 días de huelga en la UAEH. Algunas voces dieron las últimas notas del folclor estatal para hacer política,
“No se podía negociar porque el gober estaba de gira fuera de la ciudad…”
Al final, a muchos les quedó el amargo sabor de sentirse manejados, manipulados obligados a representar una puesta en escena que no distaba mucho de la farsa,
“Me sentí muy mal, señor Torres, como si fuera un títere…”
Mentiroso…..
¿Cómo crees? No fue eso, fue todo legitimo, ja,ja,ja
Pregunten a los trabajadores, ellos estan bien contentos con lo que ganaron en la Huelga.
Esa Universidad no cambia ni cambiara……
Mejor, nuevas generaciones de hidalguenses, si quieren mejorar su calidad de vida estudien en otra parte.